Falsedades (II)

Falsedades (II)

En lugar de presentar un relato más o menos ordenado con documentación adjunta recopilada en distintas instancias oficiales para documentaciones diversas y propósitos varios (cosa que ya he hecho hace meses donde se debe hacer, y se archivó), voy a contar una fábula hipotética. Entiéndase como es (en este caso) una fábula hipotética en que cualquier parecido con la realidad es cosa de su(s) percepción(es).

Una vez hace mucho tiempo había un niño que empezó a entender el mundo.

Aquel niño era muy pequeño, tanto, tanto, que casi no se le veía.

Ese niño fue creciendo pero por el medio se vio envuelto en un suceso de difícil clasificación. Él no lo entendía y casi no recordaba qué había pasado. Solamente sabía que no le había gustado el desenlace de la situación.

El niño siguió creciendo, y siendo niño, aunque no tan pequeño, volvió a pasarle algo parecido. No se acordaba, estaba angustiado, triste, desesperado. No sabía qué hacer.

Ya siendo adolescente, el niño en cuestión, otra vez se vio en una situación que ni entendía, ni recordaba, pero otras personas le habían visto. Se puso a llorar y pidió ayuda.

Otra persona pensó que aquel joven era demasiado niño como para haber hecho nada extraño.

El niño, que ya era un joven, otra vez se vio envuelto en problemas que no recordaba cómo era que le habían tocado a él.

Pero para entonces ya era un joven presuntamente consciente de sus actos, y otras personas empezaron a preguntar y pedir cuentas.

El joven hizo lo que siempre había hecho para zafarse de sus estropicios en casa: hecharle la culpa a otro.

El otro al que culpó, nunca supo que nada hubiese sucedido, nadie le dijo nada, y nadie le dijo nada porque el otro era aún demasiado joven, tanto, tanto, que seguía en la infancia.

Pero burla, burlando, no coló, pero tampoco quedó claro.

Después el niño, que de niño y de joven no recordaba, empezó a repetir algunas de las cosas que no le gustaban porque en parte no, pero en parte sí que sabía lo que hacía.

Y además empezó a influir hasta donde podía las circunstancias de aquel otro, mucho más joven, y que no tenía ni idea de por dónde le estaban cayendo los problemas.

Y aquí se acaba el cuento.

Ahora, el “otro” (que soy yo) ya está más que “harto” de la situación.

Porque al “otro”, que soy yo, lo (pen)último que le quedaba por oir es:

-Tú no eres de mí familia.

Acerca de María Cristina Alonso Cuervo

I am a teacher of English who started to write this blog in May 2014. In the column on the right I included some useful links and widgets Italian is another section of my blog which I called 'Cornice Italiana'. There are various tags and categories you can pick from. I also paint, compose, and play music, I always liked science, nature, arts, language... and other subjects which you can come across while reading my posts. Best regards.
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